Hombres puros
La homofobia que experimenta una persona es un tipo de odio contra una forma de amor que no comprende; que no puede experimentar, que no identifica y asimila en sus creencias y valores personales.
No nacemos odiando a aquello que no entendemos. No existe un gen que provoca odio ante una incomprensión; por lo tanto cuando se experimenta rechazo ante algo que no asimilamos se activa un limite vital adquirido, aprendido, de forma vicaria o directa mediante las expresiones cotidianas realizadas por nuestro entorno más cercano, por las canciones que escuchamos, por los videos que visualizamos, películas que llenan nuestro imaginario visual y que terminan por delimitar nuestra percepción del mundo que nos rodea.
Hombres puros es una narración incómoda, que nos adentra en el odio que la sociedad senegalesa mantiene contra las personas homosexuales, con un objetivo para mi claro, desmontar un argumentario ajeno a las emoción natural que nos acerca a los demás: el amor.
Un día, un profesor universitario contempla como una turba descerebrada desentierra a un hombre previamente asesinado por ser un homosexual, impidiéndole continuar en una sepultura en un cementerio público musulmán.
Este video le produce un cambio en su estado de ánimo que le provoca la necesidad de conocer en profundidad esa historia, buscar al fallecido y a su familia al tiempo que pondrá en duda muchas de sus creencias con respecto a la sociedad senegalesa, la relación con la religión e incluso con su familia y su pareja.
El viraje que, dentro de las rígidas normas sociales, busca nuestro protagonista es complejo, lleno de peligros vitales y que nos lleva a dudar acerca de la posibilidad de manifestar una identidad, orientación sexual, distinta de la norma que imponen las creencias, en este caso, religiosas, imperantes en Senegal.
Manifestar un deseo, una ilusión, un afecto, contrario al heterosexual, nos puede llevar a la muerte, física e incluso social de nuestra familia, ante estos retos se encuentra nuestro protagonista.
Este relato no muy extenso, 192 páginas, con una narrativa ágil, provista de descripciones certeras, diálogos afilados, provistos de fuertes imágenes que nos conducen ante una montaña rusa de sentimientos, de dudas acerca de la identidad y la orientación personal del personaje, y por generalización de nosotros mismos.
Ese edificio de nuestra identidad, puede que haya sido construida con unos planos que podamos modificar y dibujar nuevas estructuras, ¿o no?.
Muy, muy recomendable lectura.
Aquí una pequeña entrevista con el autor, sobre su anterior novela:


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