lunes, 12 de noviembre de 2007

El Reloj
El tiempo que marcaba el viejo reloj de pared transcurría muy lentamente y una sensación de soledad poco a poco se iba apoderando de mi. Sentí una gota resbalando por la sien.
Con manos temblorosas redacté una breve nota para ella, aunque sabia que posiblemente no la iba a leer. ¿Seguro?, no, seguro que no. Aún eran las dos y media de la madrugada.
La imagen ocupaba todavía mi sorprendida retina, no se iba de allí. ¿Por qué me atormentaba?, sólo era una pesadilla que me había hecho sudar, gritar y buscar a mi alrededor tranquilidad y consuelo, pero ¡era tan real!, sólo es una pesadilla, repetía una y otra vez.
El viejo reloj continuaba con su rítmica canción mientras sorbía el último trago de café, ahora no podré acostarme, estoy desvelado; si realizase alguna tarea que tengo aparcada, olvidaría esta dura pesadilla. Podría leer algo, encender la televisión, pero como voy a distraerme, cuando veo mi muerte con cerrar los ojos. Si, muerte, puedo ver mi cuerpo, acostado en la cama, con dos disparos en la cabeza.
Un leve ruido me alteró, un calambre recorrió mi espalda y se alojó en mi cogote, erizando todos y cada uno de mis aún mojados cabellos.
¿Quién anda ahí?. Creo que grite cuando la ví.
Los inspectores de policía conversaban pausadamente, el más joven encendió un cigarrillo, levantó la cabeza y miró la pared en donde se encontraba el viejo reloj, ¡jefe!, el reloj no funciona, está parado, marca las dos y media, pero el péndulo sigue moviéndose, se acercó al reloj y lo exploro minuciosamente: ¡hay un papel dentro!.
La mujer sorprendida no podía dejar de mirar a su abogado. Este le repitió. Lo saben, saben que mataste a tu marido y dónde escondiste la pistola.
¿Cómo?, preguntó, ¿cómo pueden saberlo?.
Tú marido lo escribió horas antes, redactó una nota con todos tus movimientos.

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