martes, 8 de julio de 2008

Julio

Me gusta el mes de julio.

Hoy cuando preparaba la cama de mis hijos, cerraba las ventanas, bajaba las persianas, abría las camas, cuando realizaba todas esas acciones, el sol todavía me acompañaba. Era tarde, cerca de las diez, y el sol entraba por las rendijas, me susurraba frases cariñosas. Me preguntaba ¿cómo se pueden acostar mis hijos?. Y me fuí, escape veloz, sin hacer ruido.

Cuando mis pies se frenaron, me senté a descansar y mis ojos buscaron objetos comunes. Sólo encontraron una calle, en la cual había pocos coches aparcados. En ella veo un puñado de niños golpean con poco talento una pequeña pelota de fútbol gastada y sucia. Su playeros están rotos, sus desnudas piernecitas, como palillos, están negras de moratones y aventuras, mientras las ceñidas camisetas los protegen de arañazos y balonazos.

Entonces desde las ventanas sus madres gritan varios nombres y se termina el juego, una petición unánime, MAMÍ, UN RATITO MÁS.
El sol ya se esconde, pero el verano acaba de empezar, aún quedan más días.
Dios, como me gusta el mes de julio

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