miércoles, 15 de junio de 2016

Crisálida

Reservoir Books acaba de editar, de una forma idónea una nueva historia de Carlos Giménez.
Es una obra en blanco y negro, con un total de 72 páginas, incluidas una introducción y un epílogo que nos sitúa la acción y enmarca el entorno de los personajes principales.
Estamos ante una obra de emociones básicas: tristeza, amor, rabia, empoderamiento, dominan al argumento, lo acompañan y nos provocan como lector ante las situaciones que los protagonistas padecen.


El argumento de esta novela gráfica es demoledor: El Tío Pablo nos describe cómo fueron los últimos momentos de la vida de su mejor amigo "Raúl" a partir de los recuerdos que éste fue transcribiendo en un "cuaderno de bitácora". Estos pensamientos, situaciones que le suceden a Raúl, los denomina como su crisálida. Entendiendo como tal a una forma de aceptación de nuestro destino, negativo, pesimista, que nos hace ver la realidad como una agresión. En las páginas del "cuaderno de bitácora" se van describiendo pasos personales que conducen a una vejez donde la soledad es la principal protagonista. Raúl ve como su principal temor se apodera de su vida. Esas situaciones vitales no se producen de una forma dramática, si no que aparecen, sin más.

Me ha gustado mucho las viñetas que nos describen una pérdida física de una capacidad, y que de repente, tal como se fue, vuelve.

El calificativo para esta obra de Carlos Giménez es magistral. En crisálida somos observadores directos de una pérdida progresiva de todo aquello que conforma la identidad del protagonista; de una forma dolorosa y lenta contemplamos el desplome de los pilares que sustentan su personalidad.


Carlos Giménez ha creado una obra redonda, perfecta, que nos muestra el miedo al envejecimiento, y no poder disfrutar de nuestro particular "carpe diem", paso del tiempo como generador de pérdidas, de olvidos y de limitaciones personales. Para ello ayuda notablemente el dibujo realista que Giménez dota a sus viñetas, blanco y negro sin grises, que dan el apoyo a los diálogos y las acciones en las que transcurren. Por ejemplo el uso del fondo negro cuando El Tío Pablo nos narra la historia, leyendo directamente del "cuaderno de bitácora", con este sencillo fondo nos sitúa como elemento principal el texto, no el personaje que lo lee.



Esta invitación a la reflexión y el uso de los personajes como elementos de expresión de sí mismo es constante en la obra de Carlos Giménez, me viene a la memoria una historia dibujada por él en el año 1983 denominada Un día, un lugar, una cita... recopilada en su obra Romances de andar por casa, en la cual un escritor famoso afirma que "todas mis novelas son autobiográficas. Yo solo puedo escribir sobre cosas y situaciones que conozco".
Continua afirmando que "tengo que creerme lo que escribo para poder contarlo, y para creérmelo tengo que haberlo vivido. Si el escritor no se cree la historia que está contando, difícilmente conseguirá que sus lectores se la crean".
Estas frases de Manuel M. Martín son una profecía de lo que lleva Carlos Giménez realizando desde hace décadas, obras gráficas plenas de realidad, incluso cuando dibujaba westerns, relatos de ciencia ficción o aventuras, los guiones se encontraban llenos de diálogos actuales. Cualquiera puede ser Raúl, su descontento con el entorno, lo puede vivir un español que ha sufrido problemas en su trabajo, dificultades con su amigos, ver como se truncan planes de futuro esperanzadores, todos, creo que todos vamos creando nuestra crisálida.


Felicidades maestro.

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