sábado, 3 de septiembre de 2016

Citizen Marquéz

La muerte siempre urde su madeja.

Con esta sencilla y demoledora frase remata una novela policíaca que he disfrutado durante varias semanas gracias a la generosidad de su autor Lars W. Jacobson.


Hace unos días que el dictador surgido de la guerra civil española ha dejado de respirar y los españoles estamos mirando hacía un joven monarca que comience a gobernar.

Marquéz, triste inspector de la Brigada Criminal de recibe la petición de buscar a un desaparecido marido de una preciosa hija de la alta sociedad madrileña.

Acepta el encargo y se dirige al norte de nuestra península a buscar al señor Andrade mientras se ve inmerso en una situación peligrosa en la cual se siente muy a gusto.

Citizen Marquéz es una novela policíaca con un tono oscuro y agresivo, que nos muestra una realidad cruda, sin costuras, directa y seca.

Citizen Marquéz nos describe a un inspector de otra época, un ser totalmente deshumanizado, corrompido, carente de empatía con sus semejantes, embrutecido por una labor que le aleja de sus congéneres y aumenta su odio por los demás.

Para concluir con la descripción del personajes, según sus propias palabras, Marquéz se considera  un detective que se encuentra en la otra cara de la luna.

No encontraréis un estilo narrativo complicado, ni con extrañas metáforas, no hay muchas frases que describan paisajes ensoñadores, no, para ello buscaros otras novelas, Lars W. Jacobson es un autor de frases directas, salvajes y con un uso acertado del adjetivo, sencillo y claro.
Los párrafos que nos desnudan al inspector Marquéz abundan y por eso el personaje principal se nos muestra constantemente, y creemos saber todo acerca de él, pero, hay secretos que es mejor no mostrar.

Una última reflexión sobre el estilo es que tengo la impresión de que los diálogos, abundantes, son un elemento dinamizador y que proporciona un soporte necesario para una acción tan trepidante.

Al leer esta obra, en ocasiones, me recordaba el sabor que una copa de aguardiente me producía, un duro golpe que atraviesa mi garganta, con un cierto toque a hierbas.

Lars, a tu salud!

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