domingo, 4 de diciembre de 2016

Jimmy Corrigan

Una persona solitaria, con un trabajo monótono, aburrido y sin futuro, con un bloqueo afectivo constante que le produce un aislamiento social incapacitante. Para evadirse de este círculo su imaginación crea una realidad paralela a los estímulos que experimenta.
Su principal relación es la que establece con su madre, absorbente y agotadora.
Una persona  recibe una carta de su padre que le invita a conocerle después de años sin saber de él. Por supuesto decide acudir a esta extraña cita.


Esta Persona es Jimmy Corrigan "El chico más listo del mundo", novela gráfica creada por Cris Ware y que nos adentra en un mundo personal único.


Editada por Reservoir Books, me adentré en su lectura recientemente gracias a una reedición excelentemente cuidada, como suele realizar esta editorial de un clásico de las novelas gráficas del actual siglo XXI.

Tapa dura, en formato apaisado y a todo color, 392 páginas que destilan creatividad, amor por el género y pasión por la comunicación. Con una sobre cubierta que se muestra a vuestra derecha en una imagen que destila perfeccionamiento y obsesión a partes iguales.

Importantes dosis de emociones y sentimientos que son disecionados por el autor mostrando conductas humanas cotidianas, pensamientos elicitados por estímulos verbales, bloqueos sentimentales que conducen a ideaciones; todo un listado de acciones que podrían aparecer en un capítulo de cualquier manual de psicología patológica como ejemplos de comportamientos humanos.

Parecen existir diversas lineas argumentales en espacio temporales distintos que muestran un árbol genealógico de Jimmy con experiencias de su abuelo, cuidado por un padre autoritario y maltratador, mientras se describen acciones de un pasado reciente en la creación de la ciudad de Chicago.

Lectura pausada que he disfrutado de una forma obsesiva, volviendo una y otra vez a viñetas que me generan una empatía por su ternura, o por detalles que superan la narración y nos centran en el detalle superfluo pero atrayente.

La descripción de situaciones es muy poderosa, en ocasiones quizás muy llena de texto, y en otras donde el silencio es tan poderoso que casi es un personaje más de la escena.
El dibujo, de carácter realista, creo que no existe un predominio de imágenes descriptivas por encima de las caricaturas de rostros, si bien el autor tiene un exagerado gusto por la estética ilustrativa de los años 40-50.
Creo que es necesaria la presencia de esta obra en cualquier estantería donde se junten obras clásicas del noveno arte.